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La accesibilidad web, una responsabilidad legal para empresas y servicios digitales

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La accesibilidad web es hoy un elemento clave en el punto de contacto entre marcas y personas: internet. La experiencia digital se ha convertido en un factor determinante para generar confianza, diferenciarse y cumplir con las expectativas de un mercado dominante. En este contexto, estar presente en Internet ya no es suficiente; los servicios digitales deben ser accesibles y cumplir con un marco normativo cada vez más exigente.

Garantizar el acceso universal a los entornos digitales consiste en diseñar y desarrollar sitios de forma que puedan ser utilizados por todas las personas, incluidas aquellas con discapacidades visuales, auditivas, motrices o cognitivas. No se trata de un añadido posterior, sino de un enfoque que debe integrarse desde el inicio del diseño y el desarrollo, con equipos que trabajen de forma coordinada y sigan estándares reconocidos.

La accesibilidad web ya no es opcional

La accesibilidad digital ya cuenta con un marco normativo claro en Europa y en España, que establece qué productos y servicios deben ser accesibles y cómo evaluar su cumplimiento. Las leyes actuales recogen obligaciones concretas para los servicios digitales del sector público y privado, y remiten a normas técnicas reconocidas que definen cómo debe ser un sitio web accesible y cómo verificarlo mediante evaluaciones técnicas y revisiones funcionales.

La normativa vigente establece que los productos y servicios digitales deben poder ser utilizados por todas las personas, independientemente de sus capacidades. Esto implica que la información, las interfaces y las funcionalidades han de diseñarse pensando en diferentes formas de acceso, comprensión y uso, evitando depender de un único sentido, como la vista, el oído o la motricidad precisa.

En la práctica, la ley exige que el contenido sea claro, perceptible y adaptable, que la navegación resulte sencilla y coherente, y que los servicios digitales sean compatibles con tecnologías de apoyo. La accesibilidad no se limita al diseño visual, sino que abarca también el modo en que los usuarios interactúan con la información, el tiempo que necesitan para hacerlo y la posibilidad de utilizar alternativas cuando una forma de interacción no es viable.

Aspectos como el uso correcto del color, un tamaño de tipografía adecuado, subtítulos en contenidos audiovisuales, control del audio y del movimiento, y formatos de texto compatibles con tecnologías asistenciales son parte de estas obligaciones. Además, determinados sitios web tienen la obligación de que estas medidas se recojan en una declaración de accesibilidad visible dentro del propio sitio web.

Beneficios de la implementación

Desde el punto de vista corporativo, ser accesible significa que tus productos, servicios y contenidos llegan a un público más amplio. Los clics de visita a tu sitio web se convierten en experiencias inclusivas donde las primeras impresiones cuentan.

Apostar por la accesibilidad es sinónimo de construir un Internet más accesible para todos. Para ello, hay que determinar las necesidades de cada persona desde que se empieza a construir una página. En ese proceso, diseñadores y desarrolladores deben colaborar estrechamente y aplicar unos estándares concretos que garanticen esta experiencia.

La correcta organización del contenido, el uso de etiquetas descriptivas en las imágenes y la compatibilidad con distintos dispositivos benefician a todos los usuarios. Un diseño que facilite una navegación intuitiva resulta más atractivo para quienes acceden por primera vez y aumenta la probabilidad de que recuerden la experiencia. Es un paso más para que tu marca deje huella.

Mismo sistema digital, pero poniendo a las personas en el centro

Si quieres que tu empresa se adapte a la normativa y crear una página que cumpla con los criterios de accesibilidad, contacta con nosotros y te ayudaremos.

 

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